Avatar: cómo NO escribir diálogos

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos…  

Se están produciendo libros, series y películas de fantasía como nunca antes1. Como nunca antes2, se están produciendo mal. 

Exagero, claro, pero no tanto. 

Cada género tiene sus propias fórmulas, tropos y recursos narrativos que le son propios. Son los átomos del género, las piezas fundamentales con las cuales se construyen las historias que lo constituyen. Es útil pensar cada género como un lenguaje, y para llegar a hablar fantasía de manera fluida no me parece una mala idea, no sé, estudiar un poco cómo se conjugan sus verbos y se componen sus oraciones *para cometer no errores agramaticales. Algo que sospecho los escritores encargados de adaptar Avatar: La leyenda de Aang para Netflix no han llegado a comprender del todo. 

Así que hoy en la mesa de autopsia: la adaptación live action de Avatar: el calvo, no el azul. Porque, aunque sí logré disfrutar la serie y creo que hay decisiones creativas que en general aumentan el valor de la historia, es también emblemática del problema genérico-lingüístico que quiero abordar. 

Siendo este lo siguiente: aunque la fantasía es notoria por resistirse a cualquier intento de definición rígida, como chancho aceitado que se escurre de las manos que lo intentan delimitar y así constreñir, sí hay un consenso mínimo sobre su característica principal: la fantasía implica una ruptura con la realidad factual, con el mundo que conocemos, que nos es familiar y entendemos por real. Esto, a su vez, implica que la fantasía tiene algunas explicaciones que dar.

En simples palabras: un texto fantástico, a diferencia de uno realista, tiene que encontrar la manera de explicarle a su audiencia cómo funciona su mundo, su lore, su historia, las reglas de su magia, su realidad política, sus leyes naturales y un largo etcétera.   

He aquí, parece, la gran muralla que los escritores a los que se les han concedido las riendas de la carreta creativa de la adaptación de Aang: déjame contarte qué es un Avatar no pueden superar. Pues no sé si lo habrán notado, pero la serie sufre de una condición crónica llamada «diálogos expositivos» cuyos síntomas, es verdad, aminoran mientras más avanza la serie, pero son lo suficientemente nocivos en el primero para hacerme cuestionar si los guionistas tenían aunque sea un nivel A1 en fantasía conversacional. 

Está presente desde el Acto 1, Escena 1, cuando Ozai le explica al espía del reino de la tierra su Plan Malvado por… ¿por qué? ¿Cuál es su motivación? Pues no la tiene, no diegéticamente, no dentro de la historia. Es, en realidad, un pedazo de información que los escritores sienten que la audiencia necesita saber, torpemente camuflado de diálogo para justificar su presencia en el texto. 

Es un virus, esta enfermedad. Y personalmente hizo que los primeros episodios, que cargan con la parte más pesada de explicar el mundo, fueran bastantes dolorosos de ver. En especial porque la fantasía tiene una enorme tradición, un vasto y profundo río que nutre sus iteraciones modernas, y tiene también, gracias a todos los que lo navegaron antes, métodos y técnicas para no encallar. Explicar cómo funciona tu mundo fantástico de una manera orgánica y natural, que no se sienta torpe ni obviamente dirigida hacia la audiencia, es uno de los principales obstáculos del género, pero hay métodos para superarlo al alcance de la mano. 

En la adaptación de Disney de Percy Jackson, por ejemplo, tenemos un personaje que pertenece al mundo mágico pero no lo sabe. Esto les da a los escritores la excusa perfecta para insertar escenas en las que otros personajes, que tienden a tomar el rol de mentores, como Quirón y Luke, le explican a Percy cómo funciona el mundo mágico y su rol en él. Estos diálogos son expositivos, pero son mucho más naturales que los de Avatar: todas las leyendas que necesitas saber en tres minutos o menos porque es información que Percy no sabe. 

Aang, por otro lado, sí sabe cómo funciona su mundo. Vive en él, aunque a veces los guionistas se olvidan. Por eso, comentarios como Aang preguntando cuántos nómadas del aire vienen al festival suenan tan fuera de lugar. ¿De verdad no pensó en preguntar esto antes, no ha salido nunca como tema de conversación?3 Es un diálogo expositivo que intenta informar a la audiencia, no una conversación entre dos personas que habitan un mundo que conocen y les es familiar. Y este es solo uno de los muchísimos ejemplos que plagan los primeros episodios de la serie. 

Es una pena, porque pasman el ritmo, tornan la historia inverosímil y alienan a la audiencia. Para mí, el pecado acometido por los guionistas es doble, pues este tipo de diálogos, torpes e impostados, preocupados por explicar lo más rápido posible el funcionamiento del mundo y de la magia, no solo le roba tiempo y espacio al desarrollo de los personajes, truncando momentos mejor usados para mostrar sus personalidades, que en la animación brillaban, y para ahondar en sus complejidades, que estoy segura que tienen, sino que tratan a la audiencia como incapaz, como si todo se les tuviera que dar mascado y procesado.

Y lo que más me molesta, a un nivel personal, es que si los escritores estuvieran familiarizados mínimamente con la fantasía como género, sabrían que hay maneras de escalar esta muralla, porque la muralla no es, de hecho, una muralla. Es una colina que, sin duda, puede suponer un reto si tu carreta creativa no está bien equipada, si no llevas contigo las herramientas y la experiencia necesaria para saber cómo subirla, pero cuando lo haces, cuando estás en la cima mirando hacia abajo, ves que forma parte de lo que evita que el paisaje parezca plano, lo que convierte la planicie en valle, lo que le da carácter y un estilo propio a tu historia.  

La fantasía, como cualquier género, presenta obstáculos particulares, pero pensarlos como estorbos inconvenientes que tienes que dejar atrás lo más rápido posible para continuar con La Trama no solo no es productivo, sino una falta de respeto al género. Peor aún, muestra por parte de los guionistas, en el mejor de los casos, una falta de creatividad y experiencia, y en el peor, una escasez de amor. 

El Mentor o Guía que explica el funcionamiento del mundo es uno de los tropos más reconocidos de la fantasía: Gandalf, Hagrid, Obi-Wan. También es parte constituyente del género simplemente dejar caer a tu audiencia en un nuevo mundo, confiando en que son personas con criterio, capaces de ir aprendiendo poco a poco. Ir descubriendo la magia, la historia y la naturaleza de mundos ajenos es uno de los grandes placeres de la fantasía. Juego de Tronos, Arcane, El Archivo de las Tormentas, Malaz, la lista continúa.

Cada género es un lenguaje. Para hablarlo hay que conocerlo. Para conocerlo hay que quererlo. Avatar: la leyenda de Aang live action hace muchas cosas mal, muchas cosas bien, pero me cuesta perdonar una serie de fantasía que parece no querer ser fantasía, aunque no lo quiera inconscientemente. 


Fuente: vibes.

2 Fuente: mi total decepción que momentáneamente le otorga la categoría de factual a mis peores sospechas. 

3 Y sí, es verdad que Percy Jackson y Avatar son fantasías fundamentalmente diferentes y que la estructura narrativa del tipo portal-búsqueda de Percy facilita muchísimo la trasmisión orgánica de información, pero la serie animada original de Avatar no tenía este problema y hay una cantidad innumerable de fantasías inmersivas que logran lo mismo sin recurrir a estos obvios y burdos trucos. 

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