Cómo pronunciar «conflicto»: 4 metáforas alternativas para entender la narrativa

Otrora, en 1988, Úrsula K. Le Guin ya había declarado que la «reducción de la narrativa al conflicto era absurdo»[1]. No mucha gente parece haberle hecho caso, pues basta con una rápida búsqueda en internet para que aparezcan decenas de blogs sobre escritura creativa que afirman, sin adjetivos minorativos, que todas las historias se basan en un conflicto, y mira aquí todos los tipos que tengo para que puedas mantener a tu lector interesado en lo que tienes que decir.  

Reductivo, absurdo, y poco humano. 

En su libro Fantasy: How it works[2], Brian Attebery toma la pluma de las manos de Le Guin y escribe el resto de su pensamiento: si una historia no es conflicto, ¿qué es? 

Él ofrece tres opciones, tres metáforas alternativas que te fuerzan a ladear la cabeza y ver las historias desde otro ángulo. Lo que no quiere decir que los conflictos no merecen su lugar en el cuento. Difícil sería, por ejemplo, hablar de una historia ambientada en una guerra sin usar la palabra. La inclusión de nuevos sustantivos que adjuntarle a la narrativa lo que hace es mostrar que no todo es conflicto, que no todo debería serlo, que nos hacemos daño pensando de esta manera tan rígida: al mirar textos únicamente a través de este lente dejamos de ver otros matices y podemos, incluso, malentender lo que nos quiere decir la historia.  

Las metáforas son las siguientes: 


Disonancia

Es un término musical que habla de esos acordes que suenan algo raro. Implica una violación o perturbación de una armonía subyacente, pero es también temporal (68). La disonancia es una metáfora muy rica, pues al contrario que el conflicto ofrece varios caminos hacia la resolución. 

Yo creo, por ejemplo, que varias de las quejas y críticas que se le lanzan a la película de Barbie en lo que concierne a cómo acaba se pueden rastrear a un entendimiento de la narrativa solo (!) como un conflicto. La metáfora del conflicto tiende a conjurar en nuestra mente la expectativa de un final específico: la abolición completa del mismo, ya sea a través de la fuerza o la mediación, aunque no creo incurrir en un error si digo que la gran mayoría de las audiencias esperan, y prefieren, la fuerza (68).

Si se lee solo a través del lente del conflicto, el final de Barbie es insatisfactorio. Todo vuelve más o menos a como era antes, ¿no? Las Barbies siguen arriba, los Kens abajo, aunque supuestamente más felices. La disonancia nos ofrece otra manera de ver las cosas: una nota disonante puede ser el punto de partida para otro acorde, o se pueden modificar las notas de su entorno para hacerla encajar, o uno puede simplemente aprender a escuchar y valorar estos sonidos nuevos (69). 

Si leemos el final de Barbie a través del lente de la disonancia, se abre la posibilidad de una nueva apreciación. No es un simple retorno al status quo; la disonancia ha dado paso a una nueva configuración que retiene algunas de las antiguas notas, pero que forman un nuevo sonido. El uso del lente de la disonancia también deja abierta la posibilidad de que las cosas sigan evolucionando, y evita caer en la trampa de pensar que, una vez solucionado el conflicto, nunca más volverá a aparecer. 

Fricción 

La metáfora de la fricción es apropiada en especial en lo que concierne a las historias románticas. Hablar de conflicto en estos casos puede llevar a ver todo compromiso como una capitulación y una derrota, lo que es una pena, porque la exploración de diferentes relaciones brilla más cuando son entendidas y escritas en términos de toma y daca. 

Muchísimos de los tropos de las parejas más queridas encajan mejor en el modelo de fricción que de conflicto. Grumpy/Sunshine, Golden Retriever/Black Cat[3], por poner un par de ejemplos, son tropos interesantes no porque estén basados en un conflicto (en ese caso no habría por qué hablar de atracción), sino porque generan fricción. Pues, como bien dice Attebery, la fricción connota cercanía y calor, algo mucho más apto para describir y pensar relaciones interpersonales, románticas o no (70). 

La metáfora de la fricción, como la de la disonancia, elimina de la expectativa narrativa el concepto de ganar y perder, de vencidos y vencedores. Saltan a la mente otras posibilidades, cercanía, movimiento, resistencia y cambio (70). Es un lente muy productivo y apto para capturar los pequeños momentos de tensión entre dos (o más) personajes. 

Ocultamiento 

La metáfora del ocultamiento está basada en el símbolo central del eclipse: un objeto que oculta otro y que en ese acto revela su verdadera naturaleza. Aquí la tensión dramática y la intriga surgen a partir de un error fundamental en la percepción de las cosas como lo son realmente. 

A mí lo que inmediatamente me vino a la cabeza fueron las tragedias griegas, en especial, claro, la tragedia de Edipo. Supongo que se podría describir la tensión de la tragedia de este pobre hijo de su madre en términos de conflicto. ¿Edipo contra el misterio? Edipo contra sí mismo, o su orgullo, sería más adecuado si atendemos la lectura que se tiende a enseñar en las escuelas… Pero la metáfora del conflicto no llega a articular del todo el nudo que arma la verdadera tragedia: la ignorancia. 

Este tipo de motor narrativo requiere una relación tripartita: el objeto que oculta, el objeto que es ocultado, y el observador (76). En Edipo, el observador es el personaje titular, el objeto ocultado es la verdad (su esposa es su madre y el rey asesinado su padre) y el objeto que oculta es su ignorancia, el Destino que lo forzó a actuar a partir de una visión incompleta y errónea de la realidad. 

Este modelo también se presta mucho al análisis y la construcción de comedias, que tienden a estar basadas siempre en la tensión y la ridiculez de los errores de interpretación, de los malentendidos. El sueño de una noche de verano, El Quijote, mucho del Mundodisco de Pratchett, todas estas obras resplandecen bajo el lente de esta metáfora.  

Encauzamiento 

Las metáforas de Attebery son muy útiles y ricas, pero creo que son herramientas tal vez más apropiadas para la lectura que para la escritura. Así que como yapa aquí les dejo una última, creada por Brennan Lee Mulligan, jugador y DM de Calabozos y Dragones[4]

Hay una tensión inherente entre el escritor y sus personajes. Idealmente, un personaje quiere completar su cometido (destruir el anillo, descubrir el misterio, etc.) de la manera más eficiente posible, pero el escritor (y la audiencia) quieren la historia más interesante posible. Estos dos deseos sí están en conflicto. La metáfora que BLeeM utiliza es que los personajes son como un río que corre colina abajo, siguiendo siempre el camino de menos resistencia, y el trabajo del escritor es ir encauzando este movimiento a través de formas interesantes: tropos y estructuras comunes y conocidas. De esta manera, cuando tomamos un paso hacia atrás, podemos ver el paisaje más interesante y la ruta más rápida.  

Esta metáfora es especialmente útil para la construcción de historias de aventuras, típicas de la fantasía y la ciencia ficción, pues en mi opinión no solo le enseña al escritor que no hay que tenerles miedo a los tropos, ya que, bien manejados, son estos los que le otorgan a la historia su forma, sino que ofrece otra visión del personaje activo del que tanto se habla en los cursos de escritura. Un personaje puede ser interesante sin ser siempre el que mueve la historia hacia delante. Dejarse llevar, si el camino es dinámico e interesante, funciona muy bien también como enganche. Darle a tu personaje momentos para reaccionar es igual de importante que establecerlo como una persona activa. 

Examen final 

No me canso de repetirlo: las historias que leemos importan. Se vuelven, consciente o inconscientemente, en guiones de lo que consideramos posible. Cómo leemos importa también. Cada metáfora es un filtro, un lente que hace relucir ciertos aspectos de la realidad. Mientras más tengamos en nuestro catálogo mental, más colores seremos capaces de percibir. 

Estas son solo cuatro posibles metáforas, pero hay muchísimas más. La casa de la ficción de James, el monomito de Campbell… y las que todavía faltan articular. Si nos empecinamos en ver todas las historias en términos de conflictos, negamos mucho de lo que las hace interesantes, y mucho de lo que nos hace a nosotros humanos. 


[1] Le Guin, K. Ursula, (1988). The Carrier Bag Theory of Fiction.

[2] Attebery, Brian, (2022). Fantasy: How it works.

[3] Mi padre, en su infinita sabiduría, me preguntó cuando le mandé el texto para que lo revisara si Sanji y Zoro de One Piece encajaban también. 10/10, papá.

[4] https://www.youtube.com/watch?v=LmZSWKPXhZ4&t=4103s

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